El Himno de la Alegría *

Por Juan Pablo Mendive 


Se escucha un ruido en medio de un silencio de ultratumba, una puerta se cierra y ligeros pasos comienzan a pincelar el ambiente. Luego un par de voces aparecen, voces que se van haciendo cada vez más tensas, llenándose de bronca y violencia.
Un hombre y una mujer ingresan al living del lugar y siguen discutiendo a medida que avanzan dentro de la casa. No les importa nada de lo que sucede alrededor, lo único que quieren es ganar la pulseada. Mientras se echan en cara sus epopeyas y desventuras, caminan hasta llegar a un hall donde un piano es el centro de la atención.
Ellos siguen en la misma, por suerte la saliva es gratis sino los problemas se multiplicarían. Entre adjetivos calificativos y sustantivos, la distancia entre ellos se disminuye. Lo físico empieza a tenerse más en cuenta y sus manos pasan cerca de sus rostros, al igual que sus labios que alguna vez se usaron para expresar un sentimiento opuesto al del momento.
Mientras tanto el piano seguía en primera fila contemplando la situación, bañada su madera por una pintura beige algo antigua y cascada en algunas puntas, símbolos en el frente y  en su parte superior posaban las fotos de otras personas con los mismos cuerpos. Su madera añeja estaba llena de sentimientos e historias.
La discusión se fue apagando y la mujer abandonó el lugar junto a su cartera negra que tanto apreciaba. Otra vez el señor quedó acompañado por la mismísima soledad y su piano. Se aproximó a este, se sentó en una banqueta de enfrente, abrió la cubierta gastada de las teclas de marfil y empezó a acariciarlas con sus dedos.
El reflejo del teclado mostraba un pasado hermoso que parecía desembocar en un futuro ideal. Grandes fiestas adornadas por blancas sonrisas, elegantes trajes y vestidos, maquillaje, negocios y champaña. A medida que presionaba cada tecla de forma sincronizada, un nuevo recuerdo se desenvolvía en la melodía: la luna de miel en el viejo continente aparecía por su cabeza, en su entonces todo un futuro por delante. Luego los hijos y el abandono al independizarse, el hecho de envejecer lo ponía triste.
De pronto deja de tocar el piano, cierra la cubierta y se retira con cierta nostalgia. La melodía no se cansa de repetirle que el tiempo y las consecuencias se les fueron de las manos.


Juan Pablo Mendive es un estudiante de 21 años de la carrera de Ciencia de la Comunicación en la UBA. A pesar del veneno de la rutina laboral sostiene los hobbies de la escritura, el teatro y la música; escribiendo cuentos y poesías desde chico, haciendo teatro y escuchando música.

* Cuento ganador del Concurso de Literatura de octubre 2011

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