La liberación del cine argentino

El Grupo Cine Liberación fue un fenómeno social cinematográfico que se dio en Argentina en los años 60 y 70, y se propuso mostrar una alternativa al cine comercial hollywoodense. Con notable firmeza, fue la crónica fiel de las fervientes revueltas populares latinoamericanistas propias de la época.

Por Luciano Sáliche – l.a.saliche@hotmail.com



Era una revolución que poco tenía de emancipadora. Y llamándola revolución legitimaron un proceso dictatorial que poco se diferenció de los grandes autoritarismos latinoamericanos. Un día después del golpe de estado al gobierno de Arturo Illia, ocurrido el 28 de junio de 1966, el coronel Juan Carlos Onganía asumía como presidente de facto iniciando la –autodenominada-  “Revolución Argentina”.  El país vivía una salida áspera de la participación democrática y las Fuerzas Armadas le ponían censura al movimiento social más importante que se vivió en nuestra historia: el peronismo.

Un mes más tarde, más precisamente el 29 de julio, sucedió la noche de los bastones largos, una mancha trágica y conceptualmente representativa. Se trató de una brutal represión y desalojo a estudiantes y docentes de la Universidad de Buenos Aires que se oponían a que el nuevo gobierno le quitara la autonomía a la universidad.

La juventud se encontraba atrincherada. Tanto la militancia peronista e izquierdista, como los estudiantes y los artistas –los tres polos juveniles- se sentían desalentados y amenazados por las fuerzas opositoras. El planeta estaba siendo testigo de una verdadera revuelta juvenil a escala mundial. Ejemplo de ello eran el hippismo, en Norteamérica, y el Mayo del '68, en París, Francia; y los argentinos no querían quedarse atrás. Pero también debemos remontarnos al hecho clave que despertó un espíritu latinoamericanista, dormido desde la muerte de Simón Bolívar: la Revolución Cubana de 1959. Es por ello que los diferentes fenómenos sociales que se vivieron en América Latina, desde la constitución de Cuba como estado socialista, provocaron en el cine un fenómeno latinoamericano llamado Tercer Cine.

Al Primer Cine se lo podía encasillar como la bandera flameante de la industria cultural, las frívolas películas “hollywoodenses” que buscaban fines comerciales y de moda. El Segundo Cine es el cine de autor, con una estética que trata de respetar y a la vez romper normas artísticas propias del lenguaje cinematográfico. Por su parte, el Tercer Cine perseguía la utilidad política del arte. El cineasta Octavio Getino, uno de los fundadores de este movimiento en Argentina, explica a Página/12: “Nosotros planteábamos una tercera categoría, un tercer cine que fuese una instancia mucho más comprometida con los procesos sociales y políticos que se estaban viviendo. Y ya no solo denunciar las circunstancias que se estaban viviendo, sino que al mismo tiempo contribuyese a proponer y a orientar ciertos tipos de dinámicas sociales y culturales para concretar un cambio que entendíamos que se requería.”

El Grupo Cine Liberación, podemos afirmar, nace cuando el fenomenal film La hora de los hornos, de Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino, hizo su presentación pública en la IV Muestra Internacional del Nuevo Cine de Pesaro en Italia. Debido a que en nuestro país las salas cinematográficas sólo proyectaban películas con fines comerciales y sus protagonistas eran ídolos juveniles que salían en las tapas de las revistas burguesas, los films del Grupo Cine Liberación – entre los que se destacaban Ya es tiempo de violencia (1969) y El camino hacia la muerte del viejo Reales (1968)– circulaban de forma clandestina.

La idea de cine militante forja una instrumentalización del medio artístico en cuanto a su función política y transformadora en la sociedad, apuntando directo al espectador sensible que vive el contexto social y debe ser parte del proceso de liberación.

El docente e investigador del CONICET Mariano Mestman, en La exhibición del cine militante: Teoría y práctica en el Grupo Cine Liberación (1999), expresa que “los cineastas fueron afianzando su relación con ciertas zonas del sindicalismo peronista, sus sectores combativos, así como con algunos pensadores de la denominada izquierda nacional”. El grupo conserva una impronta cultural e intelectual muy fuerte, lo cual va más allá de una improvisación o vaga producción cinematográfica, ya que la formación a la hora de crear era la esencia para comprender el proceso argentino, latinoamericano y mundial.

Maximiliano De La Puente -comunicólogo, docente y dramaturgo-, en su artículo Cine militante I publicado en la revista La Fuga sostiene que “el fin de Cine Liberación tiene que ver también con la represión, a partir de la irrupción del golpe militar de 1976 y del consiguiente terrorismo de Estado, que afecta a los principales referentes del grupo, empujándolos al exilio”.

Si bien muchos tildan como fracaso esta experiencia artística, no puede obviarse que la misma dio origen a la institucionalización del cine en Argentina, ya que el crítico de cine pasó a ser un especializado en el lenguaje cinematográfico.

El Grupo Cine Liberación significó la resistencia a una seguidilla de películas que sólo buscaban réditos comerciales e imponer figuras y celebridades como modas de turno. La resistencia artística fue una clave del grupo, pero el origen de dicha resistencia se halla en el campo social de las ideas, donde los cineastas supieron moverse clandestinamente, perseguidos por la censura impuesta por los militares de la Revolución Argentina y, posteriormente, del Proceso de Reorganización Nacional, para afianzar una identidad nacional y dar lugar, finalmente, a un cine argentino combativo, contestatario y crítico.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¿Qué te pareció la nota?