Cuestion de fe

El fenómeno de los "curas sanadores" en Argentina es muy popular. Son varios los sacerdotes que contienen la esperanza que miles de fieles depositan en ellos. El caso más paradigmático de persecución y entrega fue el del padre José Mario Pantaleo. Un repaso por su vida y el testimonio de Néstor Campos, uno de sus colaboradores.

Por Danila Ramírez – dani_r984@hotmail.com


Nacido en Pístola, Italia, el 1º de agosto de 1915, el padre Mario sufrió el exilio desde muy pequeño.  En los años 20, debido a la Primera Guerra Mundial, su familia decidió emigrar a la Argentina radicándose en Córdoba, donde lo internaron en un colegio salesiano. Una vez alcanzada la paz, sus padres regresaron a su país natal pero sin él, lo que obligó a las autoridades del hogar, al poco tiempo, solicitar su repatriación al viejo continente.
Ya en Italia, José  Mario Pantaleo se ordenó sacerdote católico en 1944;  y en 1948 encontró la posibilidad de volver a la Argentina, en forma definitiva, para ejercer su vocación.  

A partir de entonces, comienza a trazarse su obra más importante. El recorrido que realiza por distintas Iglesias y hospitales del país, llevó a que encontrara su lugar en el mundo en González Catán. Pero su objetivo de instalarse en forma permanente allí, y de impartir misa, no fue fácil, ya que por ese entonces se empezó a difundir su imagen como "cura sanador". Esta facultad que había descubierto de seminarista en Europa, no era bien vista por las máximas autoridades eclesiásticas que lo acusaban de "ejercicio ilegal de la medicina" y  se negaban, en consecuencia, a darle la incardinación.

Su lucha, por conseguir el permiso, marcó toda su vida, pero no le impidió seguir ejecutando su don, ni su deseo de ayudar a los más necesitados. A González Catán llegaban personas desde distintos puntos del país en busca de salud; inclusive personalidades como el historiador Félix Luna, el ex presidente Carlos Menem, o la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, declararon haber solicitado sus servicios. Esta rebeldía, desde el punto de vista de la iglesia, le costó en varias oportunidades la persecución policial.

El padre Mario, no estaba solo en este camino; Perla Gallardo, una mujer q fue curada por él, lo acompañó inclusive en la creación de una fundación que hoy lleva su nombre, y en la obtención de la incardinación en 1975, diecisiete años antes de su muerte, el 19 de agosto de 1992.

En casa

En el kilómetro 31 de la ruta nacional nº 3, se encuentra la obra del padre Mario que, a casi 20 años de su fallecimiento, aún sigue vigente.  Dividida en dos fundaciones humanitarias, está compuesta por un colegio primario y secundario, un jardín de infantes, una escuela para discapacitados, un polideportivo, un centro de atención a mayores, un centro de capacitación laboral, una panadería y fábrica de pastas manejada por personas discapacitadas, un centro médico, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras, una biblioteca y un taller textil. También se puede observar la Capilla del Cristo Caminante, el mausoleo, donde se guardan los restos del sacerdote y el museo que responde a la casa en la que vivía.

La historia desde adentro

Néstor Campos tiene 72 años, es voluntario hace 25. Compartió los últimos cinco años de vida del Padre Mario, ayudándolo en la organización dentro del proceso de curación. Lo conoció bien. Asegura que "el padre se levantaba a las dos de la mañana, daba su misa en la capilla, desayunaba y luego empezaba a atender a la gente de siete a dos de la tarde y luego de cuatro a siete; todos los días menos los jueves y viernes". Hoy es encargado del mausoleo, donde están los restos del religioso y del museo. Se lo ve seguido repartiendo, junto a su esposa, tarjetas de oración a las personas que hacen fila para ver al presbítero.

¿Cómo era el padre Mario?

El Padre era una persona a la que no le tenías que decir nada. Vos ibas, te plantabas delante, e iba derecho al problema que tenías. No te tocaba, te pasaba la mano, te dolía el pecho, te pasaba la mano; él iba derecho al problema. Cuando el paciente tenía algo que no podía detectar a simple vista, ensayaba el péndulo (siempre lo llevaba, junto a un anillo rosario vasco); él lo utilizaba para hacer diagnósticos y así en privado te decía lo que tenías. Era un don muy grande el que tenía; por ejemplo había gente que le traía fotos de muertos y él intuía esto y se enojaba; o a veces venían brujas, las salteaba y les decía que se fueran.

¿Recuerda algún milagro de sanación?

Te puedo contar el de la señora Perla Gallardo: A los 41 años le detectaron cáncer de útero, tenía hemorrágeas constantes, estaba muy mal. Su esposo que era médico ya nada podía hacer y le recomendó, como última opción, visitar al padre Mario. Ella vivía en Goya, Corrientes, asique vino a Buenos Aires y fue a verlo. Ese día, el padre estaba sanando y al llegar al último paciente, le pide que lo espere porque había una señora que lo necesitaba mucho. Fue directo a Perla, le pasó la mano y al instante se le cortó la hemorragia. Luego siguió visitándolo, porque había cosas que al padre le llevaban un tiempo y ahí está; hoy Perla tiene 85 años.    

¿Qué significó para la comunidad la muerte del padre Pantaleo?

Fue un golpe muy fuerte. Él sabía que la diócesis lo perseguía por las sanaciones, que no estaba bien que lo haga, pero él quería ayudar a la gente; entonces se sintió mucho.  Pero ojo, que él anda por acá. Una nochecita, en tiempo de verano,  se le presentó a un grupo d médicos que estaban tomando fresco, en el patio seco y uno se desmayó. Después, se le apareció a una señora en el sagrario. Y yo lo vi una sola vez también; una vez que abrió la puerta del quincho que está en frente, que se movieron las campanillas y  al entrar se llevó las sillas por delante.

     El museo se encuentra en el centro de un predio que comparte con el mausoleo y la capilla; sus paredes externas que dan al patio que lo rodean, están repletas de carteles de agradecimientos con fechas que indican, inclusive, milagros recientes. Todos los días, personas de distintas partes se acercan a visitarlo, motivados por inquietudes ocultas y, seguramente, en busca de la paz inexplicable que el lugar sabe transmitir.

La vida religiosa del Padre Mario Pantaleo, está marcada por acontecimientos contradictorios -hechos sobrenaturales que se oponen a lo normal; gente que cree y da testimonio y gente que no-  que quizás se reflejen en la historia de hombres similares. Tal vez, en el mundo de lo espiritual, las reglas sean diferentes y ya no se trate de buscar la verdad o una explicación a los sucesos, si no de una cuestión de fe.

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