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Cientos de jóvenes hacen largas colas en los castings de diferentes reality shows. Muchos desean participar con el objetivo de “mostrarse” en televisión y, de ese modo, lograr posibilidades laborales en el ámbito artístico. Otros, lo hacen únicamente por curiosidad y “ver qué onda”.  El repaso por un género televisivo que llego a nuestro país en este siglo XXI.

Por Sebastián Rodríguez - sebastian_rodriguez999@hotmail.com


Gran Hermano (a través de sus distintas ediciones en Telefé), El Bar (América TV, 2001), Confianza Ciega (Canal 9, 2002), Soñando por Bailar (Canal 13, 2011-2012), son sólo algunos de los productos televisivos que se impusieron en los últimos años. Encasillados dentro de lo que se denomina reality show, han atrapado seguidores y generado rating. Pero también han sido objeto de críticas de distinto calibre, sobre todo por las escenas que se muestran y que están al alcance de todo el mundo.

El por qué de su vigencia

Gran Hermano fue creado en 1997 y se emitió por primera vez en Holanda. Pero fue en 2001 cuando llegó a nuestro país para quedarse; debido al éxito obtenido, surgieron varias versiones del reality, con distintos participantes y con algunas diferencias en la casa donde residen. Pero la esencia del juego seguía intacta, convirtiéndose en un fenómeno que parecía no querer terminarse. “Es un formato que funciona en todo el mundo, reúne todo lo que llama la atención de un reality: el encierro, el morbo a  espiar, ser partícipe del juego mediante el voto telefónico”, sostenía Gastón Trezeguet, ex participante de Gran Hermano, en una entrevista concedida al Diario Clarín.

¿Campos de concentración del siglo XXI?

Corría el año 2001 cuando comenzó  Gran Hermano. El conductor Jorge Rial dijo en su programa Intrusos que el programa “es un canto al nazismo, al campo de concentración”. Rial no se ahorraba municiones a la hora de atacar al programa que más adelante se convertiría en una muy buena oportunidad económica y laboral en su extensa carrera en los medios.

Jorge Rial, conductor del
ciclo Gran Hermano
En realidad, tanto Gran Hermano como distintos realities donde los participantes deben permanecer encerrados en un lugar determinado, sin conexión con el afuera (por mas que haya un jardín con pileta), están muy lejos de asemejarse a campos de concentración. Los participantes son mayores de edad que ingresan por voluntad propia, sin que nadie los obligue. Si bien deben acatar reglas del juego, e incluso pueden llegar a pasar hambre (rara vez ocurre) con motivo de alguna sanción o por no cumplir alguna consigna, puede resultar desafortunado comparar esas experiencias con las de los judíos en los campos nazis, donde millones fueron masacrados para escribir con sangre una de las páginas más tristes en la historia de la humanidad.

Ahora bien, si puede resultar agobiante o estresante la experiencia en programas como Gran Hermano, habrá que consultar a los participantes que abandonaron el certámen. Quizás ni hacen falta las preguntas; el primer caso de abandono no tardo en llegar en la primera edición del Big Brother: la cordobesa Patricia Villanueva  estuvo sólo un par de semanas y en la gala de expulsión (donde un integrante es eliminado del juego, yéndose de la casa) pidió retirarse en la emisión en vivo. Y fue allí como se fue junto a la otra participante, Lorena González, que había sido eliminada. Por lo general, la producción del programa considera que no puede obligar a nadie a permanecer en el juego contra su voluntad, por lo que da vía libre para que se concrete la salida.

Otros casos y muy llamativos fueron los de Gran Hermano, edición “Famosos”. Varios de ellos no se han sentido muy cómodos dentro de “la casa más famosa del país”, e incluso terminaron con algunos brotes de locura. Como fue el caso de la bailarina Cintia Fernández, que llegó al extremo de intentar atacar con un cuchillo a una de sus compañeras. O el del gastronómico Nino Dolce, golpeándose la cabeza en varias oportunidades contra la pared y siendo partícipe de distintos episodios violentos junto a Luis Vadala, ex pareja de la vedette Moria Casán.   

Famosos que salieron de los reality

Para muchos participantes ha significado un paso a la fama el hecho de mostrarse en cámara, donde miles de espectadores espían sus actividades cotidianas. Para otros ha sido solo un “debut y despedida” de la pantalla, volviendo al mismo anonimato que tenían antes de participar en el juego.

La lista de famosos que dejaron realities como “Gran Hermano” y “El Bar” no es muy abundante, pero quizás muchos reconozcan estos nombres: Pamela David, Silvina Luna, Gastón Trezeguet, Ximena Capristo, por nombrar solo  algunos. Otros han tenido participaciones en televisión muy esporádicas, como Gustavo Conti, esposo de Capristo, Esteban Morais o Emiliano Di Giogia (quien al poco tiempo de terminar el certámen fue incluido como panelista en el programa “Zapping”).

Pero quienes han logrado mayor reconocimiento fueron Pamela David y Silvina Luna. Virtudes artísticas y corporales aparte, lo cierto es que las dos chicas llevan casi diez años pasando por pasarelas, escenarios y estudios de televisión. Al poco tiempo de terminar sus experiencias como participantes de un reality, tuvieron ofrecimientos para convertirse en vedettes. Más adelante, les llegó el turno para mostrarse en la pantalla chica; David estuvo como panelista del programa “Animales Sueltos”, en América y actualmente conduce “Desayuno Americano”, en la misma emisora, junto a Diego Pérez. Lo mismo Luna, que tuvo distintas participaciones en ficción (la última fue en el unitario Maltratadas).

El caso de Gastón Trezeguet es uno de los más llamativos. Es quizás, el que más compenetrado quedo con el juego de “Gran Hermano”, durante y después del mismo. Lo que sucedió  es que su participación hizo historia, ya que se mostró como uno de los más estrategas en la primera edición del reality. Incluso, confesó su homosexualidad. Años más tarde, pasó a ser productor de Endemol (que se encarga de producir Gran Hermano) y, desde entonces, entró a trabajar allí.

Puede decirse que Trezeguet es uno de los que mejor cuenta su experiencia. Tenía 22 años cuando se anotó para el casting. “Entré sin saber por qué: era chico y pensé que sería divertido, sin conciencia de que iba a representar tanto en el resto de mi vida. No me lo planteé como salida laboral. A esa edad estaba a la deriva; cursaba Administración de Empresas en la UCA, porque tenía que estudiar algo. Dije “mientras tanto, me meto acá”. Y terminó siendo mi profesión hasta ahora”, afirmó en la entrevista a Clarín. También es de los pocos que defiende el formato y el género del reality. “El prejuicio contra el reality es demodé. Si ahora todo es reality: ¿vas a criticar todo? El prejuicio viene por exigirle a la televisión cualidades que no tiene por qué tener. Es un entretenimiento: no hay que pedirle educación, ética ni nada. Si querés educación, andá a la biblioteca”, sostuvo.

Evidentemente, pasar con éxito un casting en un reality puede ser el primer paso para una carrera llena éxitos y reconocimientos en el plano mediático y artístico. Pero también puede convertirse en el ingreso a una experiencia fugaz en el mundo de la televisión.

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