Las nuevas y engañosas ventanas indiscretas

Los recientes intentos de los EEUU por frenar la piratería en internet, abren las puertas, aunque sin proponérselo, al inconcluso debate sobre la privacidad de la información. Las redes sociales juegan un papel central, pues los datos de los usuarios circulan de forma permanente y por las manos menos indicadas.

Por Agustín Ciotti - ciopy_agustin87@hotmail.com


El 18 de enero último, la famosa enciclopedia online Wikipedia sorprendió al mundo de la cibernética, al decidir permanecer bloqueada – aunque únicamente en su versión inglesa- durante 24 horas, en señal de rechazo al proyecto de ley SOPA (Stop Online Piracy Act), enviado al Congreso de los Estados Unidos, en octubre de 2011, con el objetivo de combatir la piratería en Internet, a nivel mundial.

De este modo, cada vez que el usuario intentó ingresar al portal, se encontró con la pantalla estática, el fondo color negro y el siguiente mensaje: “Imagina un mundo sin conocimiento gratuito. Durante una década, hemos dedicado millones de horas para construir la mayor enciclopedia en la historia de la humanidad. En este momento, el Congreso de Estados Unidos está considerando una legislación que podría amenazar fatalmente el Internet libre y abierto. Por 24 horas, para crear conciencia, apagaremos Wikipedia”.



Post de Wikipedia 
contra la ley SOPA
El atractivo que despierta debatir el proyecto SOPA es doble: por un lado, si bien es cierto que existen controversias en el seno de la Casa Blanca que mantienen en suspenso su tratamiento, no menos lo es que su hipotética aprobación podría poner en jaque la estructura de Internet tal y como se la conoce hoy, volviéndola sumamente rígida y limitando el acceso a la circulación de datos que pueden resultar útiles para el usuario. Por otro lado, existe una cuestión de fondo, no explicitada por los promotores del documento, pero que, inevitablemente saldrá a la luz en caso de que la ley entre en vigencia, y es la de la privacidad de la información. Nada autoriza a descartar que la verdadera finalidad del proyecto SOPA se halle orientada hacia – además de la lucha contra la piratería- el control minucioso de los datos que rondean la web.

De ser así, el fenómeno no sería novedoso. Ya en 1999, el investigador norteamericano Lawrence Lessig, abogado, especialista en derecho informático, había afirmado que las libertades que ofrece Internet no son tan amplias como parecen. Por el contrario, el espacio virtual, según este autor, es potencialmente más regulable que el espacio real. Lessig agregó en el mismo artículo, titulado “Las leyes del ciberespacio”, que Internet se encontraba atravesando una etapa de transición entre la libertad que se le proporcionaba al usuario para circular y el control cada vez más severo que se le impone, a tal punto que hoy es casi imposible ingresar a la web sin ser identificado o sin la necesidad de registrarse. La hipótesis de Lessig encuentran cierto correlato en las redes sociales, las cuales tienen acceso a los datos de los consumidores de sus servicios, a pesar de que la mayoría lo ignore o le reste importancia.


El “Mal de Zuckerberg”

Lamar Smith, quien presentó
el proyecto de la ley SOPA
Facebook es uno de los portales web que, actualmente, goza de mayor popularidad. Al igual que sus pares, asegura garantizar la privacidad de los datos del usuario y protegerlo ante cualquier irregularidad, tal como la posibilidad de que otros los manipulen o se escuden en el anonimato para publicar comentarios injuriosos. Sin embargo, no han sido pocas las voces que se pronunciaron en estado de sospecha respecto al Código de Seguridad del sitio creado por el joven programador Mark Zuckerberg. El periodista David Goldman, en un artículo publicado el 14 de diciembre de 2010, en el portal CNN Expansion.com expresó: “con el solo hecho de tener un e-mail y una cuenta de Facebook divulgas varios datos sobre tu persona y existen empresas que recaban esta información sin que te des cuenta”.

De esta manera, Facebook permite al usuario disponer de una plataforma para almacenar y difundir información, pero sin que advierta que tales datos, y otros que no comparte con los demás usuarios, están al alcance de quienes administran el sitio.

Nuevas formas de control

Las características que definen a Facebook bien podrían servir de ejemplo para explicar cómo funcionan las nuevas sociedades de control, descriptas por el filósofo francés Gilles Deleuze, en su artículo “Post-criptum de las sociedades de control” (1990). Deleuze parte del trabajo de su colega y compatriota Michel Foucault, quien supo decir que hacia el siglo XVIII las sociedades disciplinarias venían a reemplazar a las sociedades de soberanía. Foucault afirmaba que las nuevas sociedades disciplinarias operaban a partir de centros de encierro (la escuela, la cárcel, la fábrica, etc.) en los cuales los individuos recibían instrucciones, se les transmitían valores o se les imponían castigos durante un determinado período de su vida.      Deleuze cree que hacia finales del siglo XX el modelo comenzó a agotarse porque dichas instituciones o lugares de encierro entraron en crisis. Las flamantes sociedades de control se caracterizan por no contar específicamente con centros de encierro, pero esto no implica la inexistencia de instituciones instructoras. El control, en este caso, puede efectuarse de distintas maneras. Una de ellas es por medio de las maquinarias informáticas, ausentes en etapas anteriores. Desde el momento en el que los usuarios registran sus datos en Facebook, automáticamente pasan a estar bajo el control de los operadores del sitio, como lo había denunciado David Goldman, de CNN Expansion.com.

Facebook es un producto de las ciencias de la informática, por lo que bien podría ser considerado un mecanismo de control, dentro de las sociedades que describe Deleuze. Control que se materializa en la disponibilidad, por parte de los propietarios de los diferentes portales web, de información sobre todos y cada uno de los consumidores de sus servicios. 

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