La historia de la humanidad nos regaló más de una vez episodios de lucha, de esperanza, de pedidos por un mundo más justo. Los protagonistas de estas historias, mayoritariamente, han sido los más desfavorecidos y vulnerables de la sociedad. Trabajadores y estudiantes han unido sus esfuerzos por los reclamos legítimos de un mundo más igualitario y mejor.Reivindicaciones salariales, cambios de políticas sociales, reclamos por la caída de gobiernos represivos, han sido el objetivo de las luchas que han convulsionado la mayor parte de las décadas revolucionarias del siglo pasado. Nos referimos a las décadas de los sesenta y setenta en todo el mundo. Movimientos estudiantiles y de trabajadores habrían unido sus esfuerzos en lo que consideraban iba a cambiar el mundo que hoy padecemos. Veamos.
El año 1968 fue el año del Mayo francés, de la Guerra de Vietnam, de Biafra, del asesinato de Martin Luther King, del de Robert Kennedy -después del de su hermano John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos-, de la reivindicación del pueblo negro, de los Black Panthers, de la Primavera Negra, de la invasión rusa de Checoslovaquia y el heroísmo de muchos checos, del movimiento hippie de "Peace and love"y en México, de la recordada “Noche de Tlatelolco" y su nefasta masacre en donde, a manos del ejército mexicano y grupos paramilitares, se asesinaron más de 200 jóvenes estudiantes, trabajadores de la educación e intelectuales que luchaban por un país más justo. |
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Frente a la universidad, los floreados muchachos de Berkeley detenían a los soldados recién enrolados pidiéndoles: "Don't go. This is genocide". Y les sonreían, y hacían la V de la victoria con dos dedos levantados al aire, los de "Peace and love" que tanto enfurecieron al establishment.No sólo eran los estadounidenses los rebeldes. Los jóvenes del mundo entero alzaban la mano en el aire, algunos con el puño cerrado, otros agitando banderas con la cara del “Che” Guevara. Tenían mucho que reclamarle a la sociedad. En Europa, las perspectivas de la juventud eran desoladoras. No había trabajo para los egresados de las universidades. No había lugar en dónde emplearse. Un escenario bastante parecido al panorama actual.
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Dentro de esas circunstancias de inquietud y descontento -no hay que olvidar que la Guerra de Vietnam duró de 1945 a 1969- se dio en varios países del mundo el gran rechazo al orden establecido, al statu quo, a los partidos, a los gobiernos, el llamado a la desobediencia civil. En mayo de 1968 en París, el general Charles de Gaulle, el gran héroe de la Segunda Guerra Mundial, fustigó a los estudiantes que paralizaban la vida cotidiana de París y habían levantado barricadas con las piedras del pavimento, pintando los muros de La Sorbona y rehusándose a entrar a clase. Les dijo que no comprendía que siguieran a un líder judío-alemán, Daniel Cohn-Bendit, apodado "Danny el rojo". Las guerras quedaban olvidadas, los jóvenes eran uno solo, el repudio era de todos. Intelectuales como Sartre, Foucault y Simone de Beauvoir apoyaron como ideólogos los pedidos estudiantiles. Si en Francia bajo la falta de oportunidades De Gaulle y su gobierno fueron el objetivo estudiantil, en otras partes del mundo se unían a los trabajadores industriales y campesinos por peticiones más generales.
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Protesta estudiantil contra Guerra de Vietnam |
En la Argentina, el recordado Cordobazo puso el grito en el cielo, bajo la viva voz de los trabajadores automotrices cordobeses de la FIAT y la rebeldía de los estudiantes de la primera universidad histórica de América Latina, que habían tomado los edificios académicos y las calles cercanas. En esa época gobernaba el país un régimen militar autodenominado Revolución Argentina presidido por el General Juan Carlos Onganía, a partir de cuya política económica se implementaron una serie de medidas liberales a fin de abrir los mercados internos a los monopolios internacionales.Durante los primeros años de gestión de dicho régimen, se desactivó la Comisión del Salario mínimo, vital y móvil y se congelaron la gran mayoría de las remuneraciones. Se buscó suspender el sábado inglés, único día en que la jornada laboral se reducía a la mitad. Se impuso el arbitraje obligatorio en los conflictos laborales y una ley de represión automática para huelgas y conflictos sindicales. Asimismo se intervinieron gran cantidad de sindicatos suspendiéndose sus personerías gremiales.
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Lucha en las calles. El Cordobazo |
El gobierno también modificó la Ley de indemnizaciones por despidos y aumentó la edad para jubilarse. Dictó la llamada "Ley de represión del Comunismo", y bajo la acción de la DIPA (Dirección de Investigación de Políticas Antidemocráticas) persiguió y encarceló a los militantes políticos y sindicales sospechosos. Disolvió los partidos políticos e intervino las universidades, que fueron consideradas “centros de subversión y comunismo” por la propaganda oficial. En este contexto, estudiantes y profesores fueron desalojados violentamente de las universidades por la policía, en lo que se conoció como la Noche de los Bastones Largos.
Todas estas luchas marcaron un espíritu idealista, reivindicativo, cuasi utopista. Los tiempos ideologizados con la consigna de cambiar el mundo y el orden represivo imperante en la mayoría de los países de la tierra, ya sea bajo el imperialismo norteamericano o soviético, así lo demandaba. La historia, con sus caprichos, trazó sus líneas hacia otros horizontes. Los trabajadores y la estudiantina encarnaron con creces ese papel. Cuerpos cargados de esperanza trataron de conducir los máximos anhelos de libertad y justicia a la igualdad de sus sociedades. Muchos murieron peleando. Otros con los años cambiaron sus posturas políticas. Aunque pareciese que hoy día, muchas de estas historias se han convertidos en leyenda, en el fondo, los estudiantes y los trabajadores continúan encarnando la lucha de sus pueblos. Una lucha muy difícil de acarrear actualmente, en un mundo en donde la batalla por las ideas políticas y sociales también se ha deshumanizado, ya que los hombres se han encargado de convertirlas en mercancías.
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