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Año V - Nro. 49 - Marzo 2010
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Al don pirulero

 

Las mujeres deben aprender a cocinar, a cumplir con los quehaceres domésticos y a criar a sus hijos. Los hombres, a hacer un buen asado y a resolver inconvenientes del hogar, como cambiar el cuerito de la canilla, por ejemplo. ¿Qué pasa con estos mandatos hoy, cuando las fronteras de lo que es color rosa y celeste parecen mezclarse?

 

Rocío Cortina - rcortina@alrededoresweb.com.ar

 

Al don, al don, al don Pirulero.

Cada cual atiende su juego, y el que no,

una prenda tendrá.

 

La dinámica de los hogares de hace sesenta años era infinitamente más prolija que la de la actualidad. Cada cual atendía a su juego. Mujeres por un lado y hombres por el otro resolvían su Don Pirulero. Pertenecer a un sexo implicaba cumplir un rol, y no había muchas más alternativas posibles que seguirlos, salvo que alguien decidiera quebrar las reglas. A los veintitantos, las parejas se casaban. Tenían hijos. Los criaban. El hombre salía a trabajar. La mujer se quedaba en su hogar con los chicos y las tareas domésticas. Y se juntaban para que el juego –o la sociedad- terminara en paz.

Convertirse en hombre y en mujer, respectivamente, requería –y requiere- de ciertos aprendizajes. A ellas les tocaba saber cocinar, coser, planchar, cuidar a los hijos. Las tareas domésticas, el adentro. La paciencia, la ternura, el orden, la prolijidad y la capacidad de adaptación son características que se suelen resaltar en el sexo femenino y que no por casualidad son necesarias para cumplir con las tareas mencionadas. A ellos, en cambio, les estaba reservado saber cómo arreglárselas en la calle para llevar el pan a su casa, cómo proteger a su mujer e imponer reglas para con sus hijos. La fuerza, el carácter, la energía, la rigidez y la visión de proyectos son las cualidades que se destacan en los hombres, y eso tampoco es a vuelo de pájaro. Así, no es complicado concluir que se trataba de una sociedad básicamente patriarcal, donde el poder era atribuido implícitamente al hombre, mientras que a la mujer le quedaba estar, acompañar, asentir. Pero no decidir.

Y si de decisiones hablamos, un hecho para resaltar es el voto femenino, que en Argentina se logró en 1947. Eso implicaba que las mujeres tuvieran algún poder de incumbencia en una actividad tradicionalmente reservada a los hombres, la política. Y que tuvieran que aprender sobre eso. Reivindicaciones feministas mediante, a este hecho le sucedieron muchos más, que hicieron que los universos A y B se acercaran y aprendieran uno del otro: la píldora anticonceptiva y la consecuente liberación sexual de la mujer, la posibilidad de ellas salir a trabajar y estudiar, el divorcio, y así seguimos contando. Sin embargo, en la práctica, en la vida de todos los días, costó que los roles se acomodarán a los nuevos derechos conquistados por las mujeres.

Hay ejemplos famosos que parecen pelearse un poco con esa prolija separación de roles por sexos. En Mujercitas, por ejemplo, la novela escrita por Louisa May Alcott en 1868, una de las hermanas, Jo –Josephine-, es casi lo opuesto a lo que una mujer debía ser en aquella época. Ella quería ser escritora, un terreno tradicionalmente reservado a los hombres, y comienza a ganarse la vida escribiendo. Tenía pelo largo, pero se lo corta y vende su cabellera. De esa forma reúne el dinero necesario para que su madre fuese a visitar al padre, que estaba en la guerra y había sido herido. Luego, Jo disfruta sin inconvenientes de su peinado estilo varonil. Y como si fuese poco, la joven se atreve a rechazar dos veces el ofrecimiento de matrimonio con su amigo Laurie, justamente por eso: él es un amigo. Finalmente, Laurie termina casándose con su hermana.

Por otra parte, la escuela, como institución reproductora del universo social, se ocupa también de seguir afianzando roles y aprendizajes divididos en olor rosa y celeste. En el jardín los nenes juegan con los bloques para armar o en el taller de carpintería, mientras las nenas aprenden a serlo en la cocina de miniatura o en el rincón de la mamá. Más adelante, las maestras afirmarán que las chicas tienen más facilidad para aprender materias relacionadas con lo humanístico, y que en cambio, a los varones les va mejor con las matemáticas. Los casilleros se siguen llenando de cuestiones prolijamente presupuestas.

En la actualidad parecen ser pocos los que quieren jugar al Don Pirulero atendiendo solamente a su juego. Entonces, inevitablemente aparece la prenda de la cual debe hacerse cargo el que no cumple su rol. No es mala. Se trata de aprender lo que antes estaba enteramente reservado al sexo opuesto, de entrar en una parte de ese mundo que antes estaba vedado. Bajando a lo cotidiano: ya no es raro encontrar mujeres que confiesen sin vergüenza que no saben cocinar ni una salchicha. Ni hombres que acepten que no tienen habilidad para cambiar el cuerito de una canilla, pero que destacan que aprendieron rápidamente a ponerle los pañales a su hijo y esperan a su mujer con la comida lista, si es que ella vuelve de trabajar más tarde que ellos. El eterno mandato de que en un asado las nenas hacen la ensalada y los nenes conquistan la parrilla y elijen la mejor parte de la carne, puede estar cambiando.

Ninguno de los dos deja de ser hombres o mujeres por eso. Es un poco desacomodar ese Don Pirulero que les han enseñado en sus respectivas familias. Romper paradigmas, cambiar reglas, emprender un camino de aprendizaje ya no forzoso sino elegido por cada persona. A lo interesante del aprendizaje como hecho que permite incorporar algo nuevo –de la índole que sea, teórico o práctico, intelectual o material- se le suma el condimento más que atractivo de que eso antes era territorio de otro, otro más semejante a nosotros que lo que siempre nos hicieron creer.

Será cuestión de ver qué hacemos después de la aventura de aprender. Si preferimos volver a la prolijidad de los hogares de sesenta años atrás, o si finalmente y tras muchos tropiezos, nos acostumbramos a que el rosa y el celeste no tienen aprendizajes asignados de antemano, sino que puede seleccionarse poniendo en juego otras variables.

 

 

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