Históricamente, la educación ha estado identificada con la escuela y con las etapas tempranas de la vida. Desde nuestra constitución como nación, por las aulas públicas pasaban todos los conocimientos –fundamentalmente, la escritura- que era necesario adquirir para estar preparado para la vida “adulta” en sociedad.
Homogeneizar, crear valores y disciplinar a un país con muchas culturas diferentes debido a las sucesivas olas inmigratorias eran algunas de las claves de las escuelas sarmientinas. Sin embargo, a mediados del siglo pasado la escuela comienza a perder el privilegio de ser el lugar del saber por excelencia. Sobre todo a partir de la década del ‘70, se empiezan a reconocer otras formas de aprender, ya no sólo basadas en el paradigma escritural, y a reivindicar a las aulas como lugares desde donde se puede transformar y no sólo reproducir la sociedad. El Mayo francés, el Cordobazo, la Noche de los bastones largos y la Noche de Tlatelolco son algunos movimientos de este período histórico, durante los cuales la fuerza de los estudiantes se unió a la de los trabajadores.
| Surgen así concepciones ampliadas de la educación que contemplan no sólo al discurso escrito sino también a otras formas de expresión. El sujeto que no va a la escuela también se constituye como tal, atravesado por diferentes discursos –creencias familiares o religiosas, los medios de comunicación, que lo interpelan y provocan en él cambios, reflexiones, en definitiva, aprendizajes. Desde este número de Alrededores nos propusimos pensar y cuestionar algunas de esas otras formas de aprender, ya no ligadas a la infancia sino más bien a la adultez. Salir del lugar de origen en busca de otros modos de conocer. Aprender a ver el mundo de otra manera incorporando creencias orientales como el zen. Elegir especializarse en un deporte y hacer de eso una forma de vida. También pensar por qué hay cosas que debemos saber hacer para ser vistos como hombres o mujeres íntegros. Son estos algunos de los disparadores que surgieron en el armado de esta edición. |
 |
Entonces, la escuela está ahí, sigue siendo una clara y necesaria referencia, pero ya no está sola. En un mundo que nos exige estar constantemente actualizados y ser sujetos sumamente flexibles, la consigna es aprender a aprender, todo el tiempo, en todas las edades de la vida. La escuela se ve acompañada, entre otros actores, por la ya indiscutible red de redes. Desde este espacio, somos parte de ese movimiento. Como un sitio que pretende ser una práctica profesional para estudiantes de carreras de comunicación y afines, Alrededores también es una aventura relacionada con el aprendizaje, con ese acto que despierta tantas y tan disímiles pasiones.
|