Argentina es un país que en las últimas décadas ha tenido un importante crecimiento del sector turístico. Las fuertes inversiones en la infraestructura y los formidables atractivos naturales del territorio, se vieron acompañadas fundamentalmente por el estado cambiario del dólar que tuvo tendencia a favorecer a aquellos que cobran sus sueldos en la verde moneda. Desde este sitio del mundo se pueden encontrar también muchas ofertas que tientan a los jóvenes a emigrar por un tiempo determinado para vivir y trabajar en tierras extranjeras haciendo una diferencia económica; muchos utilizan la oportunidad para estudiar y especializarse en universidades de renombre.
Pero ¿qué pasa cuando las cosas son al revés? ¿Es un buen destino Argentina cuando se trata de venir a trabajar o estudiar? Para quienes vivimos aquí toda nuestra vida sabemos que en el país tenemos universidades públicas y privadas donde las comodidades para el estudio difieren considerablemente y se pone constantemente en tela de juicio la calidad académica de una y otra. En el Ministerio de Educación de la Nación actualmente no existen mediciones que puedan mostrar las carreras o las universidades que eligen los extranjeros. Solo podemos encontrar, y desde 2006 los datos sobre la nacionalidad de las personas que vienen a estudiar al país, sin un claro detalle que nos permita hacer un análisis profundo de la situación.
Maximiliano Gomes Casas llegó de México en 2004 para estudiar ingeniería en sistemas en la UTN , pero al poco tiempo descubrió que su vocación era otra. Él cuenta que eligió venir a estudiar a la Argentina por diversas razones: “Básicamente por el idioma, el tipo de cambio me favorecía y por las facultades que hay. Empecé estudiando en una universidad pública y ahora estoy en la UCES , que es privada. Hay variedad en universidades y carreras”. Para el cambio de carrera Gomes Casas cree que fue fundamental estar aquí: “No hay problemas en cambiar de carreras, es algo normal, las personas vienen de distintos pueblos a estudiar con otras costumbres y todos se adaptan al ritmo de la ciudad”, opina el estudiante mexicano. |
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Diferente es el caso de Ana María Cisneros Falconi, quien llego hace más de siete años desde su Guayaquil natal. “En mi caso al venir recién recibida del colegio, la experiencia es muy diferente a la de otras personas, es como que de una día para otro te encuentras sola contra el mundo en una ciudad que para varios puede ser caótica. Hay tanto movimiento que te confunde cuando recién llegas, te sientes minúsculo en la inmensidad de la ciudad”, cuenta Ana María sobre su experiencia.

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Claro que viajar a otro país para estudiar significa aprender muchas cosas que difícilmente se aprendan en los primeros años de la carrera universitaria. Así le sucedió a Maximiliano, que para poder llevar adelante sus proyectos tuvo que adaptarse a otro tipo de vida. “Para cambiar de carrera y costearme los estudios en una universidad privada tuve que aprender a manejarme en este complicado mercado laboral local. Un objetivo cumplido fue haberme estabilizado en un puesto de trabajo, aunque reconozco que me costó aceptar las reglas de juego de aquí”. Para Ana María, manejar su dinero y su libertad en la calle fueron enseñanzas que se ganaron con el paso del tiempo. “La idea de venir a la Argentina era estudiar, pero además de lo de la facultad aprendes a manejarte de manera independiente, tienes que estirar hasta el último peso de las mensualidades que te suelen mandar, rebuscártelas si quieres trabajar para ganar un dinero extra, moverte en una ciudad tan grande”, dice. |
Es que algunas cosas que suelen ser normales o cotidianas en el país fueron para ella una novedad: “Tomar el colectivo que en algunas ciudades como en la que yo vivía, Guayaquil, nunca lo hice, nunca anduve en otra cosa que no fuese taxi o el auto particular de mi familia”. La seguridad y los problemas que nuestro país ostenta en ese rubro es un tema cotidiano de la agenda que se discute en la política y en las charlas cotidianas, Ana María tiene, desde su experiencia, un punto de vista particular del problema: “Aprendes a reconocer con quien hablar y con quien no, ya que finalmente has salido de la burbuja en la que normalmente vives en otras ciudades. Aunque parezca raro, Buenos Aires es una ciudad muy segura acá puedo andar con precaución a la noche, pero no me siento con tanto miedo como allá”.
Ambos concuerdan en que se sorprendieron por algunos lugares de la ciudad de y que más allá de la experiencia de independizarse en otro país el desarraigo y la lejanía de la familia se hace sentir. El oriundo de las tierras aztecas dice haberse impresionado por “la belleza de la ciudad de Buenos Aires, cuando vine no sabía de lugares como San Telmo, La Boca , Recoleta, Puerto Madero, o sea hay una diversidad de barrios y diferentes formas y estilos de vida”. Para nuestra hermana sudamericana la experiencia es innegociable: “No cambiaria nunca lo vivido, el haberme ido de casa hace 7 años. Creo que puedo vivir de manera independiente, pero de todas maneras siempre falta la familia”. |
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Viajar a otro país, acostumbrarse a su gente y su cultura es algo más que deben sortear aquellas personas que buscan para construir sus vidas un horizonte en otras naciones. Aprender a vivir en el país de otros, respetar sus costumbres, encontrar aceptación y no sufrir el desarraigo es una materia obligatoria para estos jóvenes, donde difícilmente existan profesores que los guíen.
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