Desde el comienzo del ciclo lectivo de este año los medios de comunicación le han dado bastante espacio en sus programas a los temas del conflicto por las retenciones entre el campo y el Gobierno, a las dudas por los datos suministrados por el INDEC y también a la problemática de la violencia escolar.
| Un tema a tener en cuenta es a qué se llama “violencia escolar”. Suele denominarse así a algún tipo de violencia física que ocurre dentro de un establecimiento educativo provocado entre sus miembros, de profesor a alumno, de estudiante a profesor, etc. |
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Sucede que en algún momento, en ese concepto tan amplio, los límites se empiezan a ver difusos y el significado varía, dándole un nuevo matiz al sentido y trayendo confusión para decidir qué es violencia escolar y qué no.
En un ejemplo extraído de Crónica TV puede verse claramente la mezcla de nociones: catalogaron un ataque y una violación a una chica -que en ese momento iba camino al colegio- por un anónimo, en la calle, como un caso más de violencia escolar. Tal era la cantidad de casos que se estaban informando en los medios sobre ese tema y sobre el recrudecimiento de la violencia entre los estudiantes que, el caso fue titulado como "violencia escolar".
Pues bien hay que señalar que hace algunos años estas noticias eran tratadas como "inseguridad en la vía pública" -tal como debía haber sido analizado el caso ejemplificado- y que por esa razón se habían instalado en muchas zonas "corredores" por donde los estudiantes transitaban más seguros. Estos senderos eran vigilados habitualmente por comerciantes y vecinos del barrio. Por su parte, las autoridades del Gobierno y la Justicia nunca buscaron un instrumento eficaz y definitivo para reemplazarlos, ya que únicamente sirven como medida provisoria y de última instancia.
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Lejos en el tiempo quedaron de los discursos de los medios los problemas externos tanto a la casa como al colegio, y comenzaron a introducirse crecientemente en sus agendas la violencia en los hogares y los ámbitos educativos. No es una tendencia solamente de los medio argentinos sino que en el resto de América Latina sucede algo similar. |
Ello mismo expresa el diario Aguas de México: "La violencia deja la calle y llega a los planteles escolares, pues aunque no se trata de una novedad, cada día los abusos de los profesores hacia los alumnos son mayores, así como las denuncias que los padres de los escolares han hecho".
Este paso del afuera hacia dentro de la escuela tuvo algunos casos paradigmáticos. Como el de "Pantriste", en Rafael Calzada, en el año 2000. En esa ocasión un estudiante resultó muerto. Otro hecho similar fue el protagonizado por "Junior" en Carmen de Patagones en el año 2004. El mismo fue catalogado por los medios como un caso sin precedentes en el país por la brutalidad de los acontecimientos. Recordemos que en esa oportunidad hubo tres adolescentes muertos por arma de fuego y cinco heridos.
Estos casos fueron bisagra para que se modifique la mirada de los medios sobre las situaciones de violencia entre estudiantes. A partir de allí se dejó de vincular a la escuela con "la carpa blanca" y el reclamo salarial docente de todos los años. Se buscó una nueva dimensión y una nueva caracterización para la esfera educativa. Ya no se trataba del conflicto escuela/gobierno, sino estudiantes/profesores. La mayor diferencia entre estos dos enfrentamientos es que en el segundo los mayores problemas suelen darse dentro de cada grupo.
Está claro entonces que la violencia escolar existe, aunque se llega a un punto de saturación de sucesos que pasan al dominio público que hace que los límites ya no sean precisos. La violencia escolar existió siempre, sólo que la mayoría de los hechos no trascienden a los medios. Antes, la escuela era tratada como un ámbito privado dentro de lo público y ahora esos hechos salen a la luz. |
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En Avellaneda, por ejemplo, hace ya algunos años, los preceptores debían acompañar a los estudiantes hasta las paradas de los colectivos porque eran bastante frecuentes las amenazas de un grupo sobre otro. Ya sea entre grupos intracolegiales o entre grupos intercolegiales. Muchas veces, esas amenazas se plasmaban en hechos que tenían escasa repercusión en los medios, aún cuando las lesiones eran bastante severas. Es interesante este aspecto porque aunque existían hechos que si trascendían a la opinión pública se analizaban, la mayoría de las veces, dentro de las informaciones breves de los noticieros.
Ahora bien, no se profundiza de proviene tanta violencia en las escuelas -si es que hay tanta o si existe en la misma proporción que en años anteriores-. Se podría empezar a buscar en la violencia que también es escolar pero que no se la interpreta como tal: la violencia que reciben los estudiantes desde las instituciones. Dejando de lado los motivos económicos, ya que también es una forma de violencia que reciben muchos chicos al tener que trabajar para comer en lugar de estudiar, podemos mencionar los que provienen de la misma institución educativa y los que provienen del Estado.
Dentro de estas últimas se encuentran la falta de condiciones edilicias para poder estudiar de una forma digna: falta de gas, de agua, paredes y techos con humedad y lugares transitorios, incómodos para dictar y tomar clases, que se hacen definitivos por la falta de ejecución de obras. Uno de los casos más delicados es el de una escuela que queda en el Barrio 4 de Junio, que está ubicada detrás del Shopping Alto Avellaneda. Allí existen huecos en las paredes provocadas por las balas de los tiroteos que son moneda corriente en las calles de la zona. No hay ninguna autoridad que haya buscado alguna solución a esta tragedia en potencia.
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Dentro del ámbito educativo hay dos problemas que se vienen acentuando en la última década, y es la homogeneización extrema que hacen los profesores de los estudiantes y la cada vez menor autoridad de los docentes. |
En el primer problema planteado esa homogeneización del alumnado lleva a que la calidad educativa disminuya y a que las aspiraciones de los chicos sean cada vez menores.
Para poder igualar a todos los estudiantes es muy probable que se trate de llegar al nivel al cual todos los estudiantes pueden. Se pasó entonces, de la discriminación de los estudiantes a una igualación extrema que también es muy peligrosa para la educación. Un ejemplo palpable es la elección para escoltas y abanderado de la bandera de ceremonias que cuando tradicionalmente se premiaba a los mejores alumnos -no solamente académicos, sino también en aspectos morales y éticos- se pasó a la modalidad de que el alumno solamente pueda estar una vez al año en la bandera. Muchas veces ese alumno elegido no es el que le sigue para suceder en el puesto, sino que es elegido arbitrariamente por los docentes sin haber algún merito.
Asimismo la falta de autoridad es un problema grave de los tiempos modernos y en la escuela se acentúa porque los alumnos necesitan ser dirigidos. Este proceso de degradación de la autoridad ha llevado a que los chicos la sobrepasen. La quita de las amonestaciones y la difícil situación del docente al tener que tomar acciones por alguna infracción del alumno, sin el respaldo de los directivos de la escuela, o la creciente presión de los padres que hacen que dé marcha atrás con la medida, complican la situación. Y llevan a no entender a quién pertenece, realmente, la autoridad millones de veces reclamada en la historia educativa.