No hay nada más lindo que la familia unida - por Anabella C. Avelleyra

Como decía la abuela, “cada familia es un mundo”, y como repetía la tía, “la realidad a veces supera a la ficción”. Un par de realizadores independientes norteamericanos parecen haber decidido escucharlas. Así, dieron con una mina de oro. Dos familias muy poco normales: la de los Caouette-Davis y la de los Friedman. Psiquiátricos, electroshocks, homosexualidad, abuso infantil y mucha locura. ¿Dónde quedó el sueño americano?

Lo que se dice una familia disfuncional esta de los Caouette-Davis. Dos abuelos un poco locos, una madre en tour de psiquiátrico en psiquiátrico, un padre ausente y un retoño gay y algo dark con “trastorno de despersonalización” (definido como “un sentimiento de desconexión de las sensaciones del cuerpo y un constante sentido de irrealidad”). Estos son los protagonistas de Tarnation, un documental absorbente, profundo y brillante, que funciona como un “access all areas” entre las bambalinas del espectáculo que es la vida de este grupo familiar.

Los Friedman no se quedan atrás: una familia en apariencia normal que se desploma fatalmente cuando el padre y el hijo menor son acusados de abuso de menores, la madre hace la gran Poncio Pilatos y el hijo mayor se convierte en payaso. En Capturando a los Friedman, Andrew Jarecki presenta los distintos puntos de vista alrededor de esta agitada historia familiar con lucidez e inteligencia, sin caer en la fábula moralista. 

Como un nuevo brazo del indie norteamericano, los documentales en primera persona (o al menos con imágenes tomadas de la videoteca familiar) pisan fuerte y, a diferencia de otras producciones del cine independiente, se estrenan comercialmente en Argentina –aunque muy tarde y en pocas salas, pero peor es nada.

Hace poco pudimos ver Capturando a los Friedman, y ahora Tarnation , películas que se emparentan en más de un aspecto. Una familia con problemas, unos parientes histriónicos y un hijo con videocámara son la materia prima de ambas producciones. Pero mientras Capturando a los Friedman se acercaba más a la estructura típica de un documental (un director, totalmente ajeno a la familia, trabaja a partir de los videos familiares, a los que agrega entrevistas con los protagonistas) Tarnation funciona como un sagaz e intrincado diario íntimo, del que Jonathan Caouette es a la vez director y protagonista. A partir de fotos, grabaciones de audio y filmaciones caseras que él mismo registró a lo largo de su vida, Caouette deconstruye una compleja historia familiar, buscando respuestas y pensándose a sí mismo.

Plagada de referencias a la cultura pop norteamericana, con un original trabajo de montaje, una acertadísima musicalización, una muy buena dosificación de pequeños momentos de humor –más que necesarios en una trama tan emocionalmente pesada- y unos protagonistas que jamás podría haber imaginado la mente de ningún guionista, Tarnation es una película que, sin grandes pretensiones ni abultado presupuesto, habla de las cosas que verdaderamente importan.

Caouette nació entre los Davis, pero Andrew Jarecki llega a los Friedman de forma casual: durante la pre-producción de un documental sobre payasos entra en contacto con David, el hijo mayor, reconocido clown neoyorkino, y al conocer su historia familiar supo que la película sobre los señores de caras pintadas era historia y que allí estaba el material apropiado para su película. Jarecki se hace de los videos filmados por la familia (adicta a las cámaras caseras) y decide insertar imágenes actuales, en las que entrevista a los involucrados en el caso.

Lo destacable de ambas producciones es que ninguna busca establecer un juicio sobre cuestiones tan fácilmente juzgables. Jarecki, lejos de intentar determinar la culpabilidad o inocencia de los Friedman respecto a los crímenes que se les imputan, parece más interesado en cuestionar el concepto de “verdad”, sus límites, su ambigüedad. Caouette no trata de echar la culpa a su familia ni de eximirse de las propias, sino de realizar un recorrido a través de su propia historia que le permita terminar de conocerse y, a la vez, reconocerse como parte de ese grupo familiar.

En la era de los reality shows y los documentales moralistas, películas como Tarnation y Capturando a los Friedman demuestran que hay personas detrás de los personajes, que en medio de la miseria humana siempre queda lugar para un destello de humor, que los documentales no tienen porqué ser la aburrida repetición de una fórmula agotada y que hacer cine tiene que ver con mostrar y no con juzgar y apurar la moraleja.

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