El devenir de la entrevista demuestra que, con ellos, una simple pregunta puede abrir el camino a la autorreflexión y al intercambio de ideas. Los tres chicos que sostienen que actúan de maneras muy diferentes, también piensan muy distinto. E incluso cuando la pregunta no es tan simple, las respuestas dan lugar a un debate donde miradas disímiles sobre el arte y el mundo conviven. El que giró en torno a la función social del artista, el arte político y la memoria fue, tal vez, uno de los más interesantes.
¿Ustedes creen que el trabajo que hacen cumple algún tipo de función social?
Nahuel Pérez Biscayart: Me encantaría que fuera así. Lo social lo tiene, porque es social, es comunicación, y es muy lindo cuando podés saber que muchas personas se sintieron bien un rato. Desde un lugar mucho más individualista, del placer propio y de lo que ven, mucho más sensible.
Martín Piroyansky: Nunca lo pienso socialmente como vos lo estás planteando, sino socialmente desde otro lugar que es “quiero que disfruten”. Y eso también es social. Quiero que la gente disfrute de este momento, que vaya y la pase bien.
N. P. B.: No es político. |
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M. P.: Claro. No es para nada político, sino todo lo contrario, algo más del momento y del disfrute. En el escenario hay gente que se alimenta de las risas de la gente. Y eso me parece genial, como un orden divino de alguna manera. Hay gente que disfruta curando y socialmente es perfecto su trabajo. Los actores disfrutan de que la gente los vea laburar y se ría de ellos, con ellos. Y eso, socialmente, me parece fantástico que exista, porque la gente también necesita divertirse. Bueno, existen unos seres que se llaman actores que están ahí para hacerte disfrutar. Ellos disfrutan si vos lo hacés. Es algo súper altruista y egoísta. Pero existe. Me parece genial.
N. P. B.: Pero no construye consciencia. No es político. No construye ideas, conceptos.
Nahuel Viale: No vas a cambiar la forma de vivir de las personas por el sólo hecho de actuar.
N. P. B.: Pero tampoco los orígenes de las expresiones artísticas primitivas eran políticos. Siempre es un origen muy personal cuando uno crea. Es como zafar. Zafemos, démosle sentido a la vida, no valores. Dejemos algún rastrito de que estuvimos. Hay algo del expandirse, porque sino no hay maceta que me contenga.
Pero siempre existieron las dos vertientes, el arte por el arte mismo y el arte social, el arte político.
N. P. B.: Tiene una vuelta inteligente cuando la manifestación artística es política. Implica un análisis del hecho, tiene una dirección.
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Tiene un objetivo distinto…
N. P. B.: Sí, claramente, y el origen es distinto. O es ese origen propio, pero que fue transformado y encauzado en eso, que si es muy burdo es horrible.
M. P.: A mí mezclar la política con el arte no me interesa nada. Me parece muy injusto, por ejemplo, cuando lo perseguían a Picasso porque era comunista. Qué me importa si es comunista, yo veo sus cuadros y me encanta, punto, ahí termina mi relación con Picasso, no me interesa si tomaba café a la mañana. Eso me parece meterse en una cosa que no tiene nada que ver. Y después hay artistas que sí hacen política con su arte. Hace poco ví “La china”, de Godard, que es completamente política. La verdad, a mí me encantó la película, pero no escuché una palabra de política, no me interesaba. Seguía adelante, veía lindas imágenes, lindas actuaciones; iba por encima. Y me parece buenísimo lo que hace, él te dice todo lo que piensa políticamente, pero también te muestra una película hermosa. Entonces ahí uno puede elegir. Cuando es algo completamente político disfrazado de arte… |
N. P. B.: No, es que ahí no hay talento.
M. P.: Claro, no hay arte, no se lo puede llamar arte. Es simplemente alguien que quiere decir su opinión política a través de un producto. No me interesa eso.
N. P. B.: A mí me emociona más escuchar a alguien que sé que está comprometido políticamente. Eso me mata. Me gusta más escuchar a una persona así que a otro que, aunque sea un genio total, es un facho terrible. Tenés que olvidarte de eso, y a mí me cuesta.
M. P.: Tenés que saber separar.
N. P. B.: Sí, pero cuando están las dos cosas juntas me llega mucho más.
M. P.: Pero es así. La genialidad es la genialidad. También dicen que Borges era tremendo. Pero yo leo sus libros y me encantan. Me tengo que olvidar, porque si me voy a meter con su vida…
Pero también lo que el artista piense, ideológicamente, influye en el laburo que está haciendo.
M. P.: Pero me parece que es un camino propio. Yo leo su arte, y con eso me quedo. Cuando se filtra algo que no me interesa, lo descarto completamente. |
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N. P. B.: Si no tuvo un papel activo ese artista -me refiero a estar aliado a algún movimiento o algo así, que es algo que ya me da ganas de vomitar-, y encima pasó mucho tiempo, te podés distanciar un poco. Pero tiene que ser muy lejano igual. Si es algo de los 70, no. Por el contrario, el otro día leía un libro de Idea Vilariño y todo lo que ella pensaba, lo que creía… era lindo, imaginaba su vida y me conmovía. Está bueno, “estoy leyendo a alguien que es del 70”. Me encanta.
Todos los ejemplos que surgen son de los 70, ¿creen que ahora no se puede hacer eso, no hay nadie que lo haga?
N. P. B.: No sé, creo que hay algo de eso que quedó como tapado. Uno se crió con lo que quedó, mamó el modelo de televisión menemista toda la vida, no vivió la actividad y el fervor y las utopías. Yo creo que ahora es un lugar más de bálsamo, de hacer algo para poder zafar.
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N. V.: Yo creo que en la década del 70 se vivían las cosas mucho más intensamente que ahora.
M. P.: Es como un romanticismo moderno. Una mirada muy romántica de todo. Yo también, cuando escuchaba a mi viejo contarme de los 70, que él militaba en la facultad y que era re comunista y todo lo que hacía, me volvía loco, me parecía un héroe. Hoy día sigue existiendo eso, lo viví en el secundario. Se siguen enganchando con lo que pasó en los 70, que está bien que fue tremendo, pero ellos no habían nacido cuando pasó todo eso. Veo como una sensación de culpa tan grande de estar vivos que necesitan engancharse con cosas trágicas, como lo que pasó en la dictadura. Pibes que se quedan metidos en eso y que no pueden salir y disfrutar y ponerse a pintar, a dibujar, a hacer algo. |
N. P. B.: Tener conciencia te estanca. Pero está bueno, no menospreciés tampoco. Está bueno que no te estanque, sino que te estimule a.
M. P.: Me parece que es un extremo. Yo tengo consciencia. Y tengo consciencia también de lo terrible que es lo que está pasando hoy día, no hace falta irme a los 70. Hoy pasan cosas terribles.
N. P. B.: Que tienen que ver también con lo que pasó.
M. P.: Hablo del mundo, no hablo de Argentina. Es terrible lo que está pasando en el mundo. Prefiero una marcha contra Estados Unidos que una marcha para recordar. Vamos a luchar por hoy. No podés vivir los cinco o seis años de secundario enganchado en esa porque ya es bastante angustiante ser adolescente.
N. P. B.: Porque no está activo, es por eso. Si eso generara actividad, estaría bueno.
M. P.: Es ser contemporáneo, vivir en tu época, tener consciencia de hoy. Hubo muchas dictaduras, hubo muchas guerras, pasó de todo, y estamos todos quedándonos en lo más cercano y no teniendo consciencia de lo que está pasando hoy. N. P. B.: Piro, pero lo que pasó fue muy fuerte, mataron 30 mil personas, instauraron un modelo…
M. P.: Ya sé, pero también hubo una guerra en la que murieron millones, en el 45, y es muy fuerte lo que pasó también.
N. P. B.: Pero a nivel Argentina, lo de los 70 fue muy fuerte. |
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Piro: Hay como un regocijo en quedarse metidos en eso. Me parece poco productivo, la verdad.
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