"Manzi nació poeta. Fue poeta y de los buenos, desde la infancia”. Así lo definió Arturo Jauretche. Y así fue, Homero escribió poesía toda su vida. No fue un letrista de tango, sino que el tango fue el medio principal por el que hizo popular a su poesía.
¿Pero quién fue Manzi?, se pueden preguntar...
Hace unas semanas la Universidad llevó a que me interese por su vida. Su nombre siempre me fue familiar. Si bien no nací rodeado ni de tango ni de poesía, Homero Manzi, me sonaba. Ante un trabajo práctico, lo elegí quizás por esto. Sabía su nombre, sabía algunas minucias de su vida: que escribió el tango Sur, que le gustaban los caballos, que algunas de sus canciones (Milonga sentimental, es la más conocida) las mitificó Carlos Gardel. Pero no sabía mucho más.
Así comencé a investigar y a meterme en sus textos. |
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Nació en la norteña provincia de Santiago del Estero, en 1907. Al poco tiempo, vino a vivir con su familia a Buenos Aires, a un barrio del suburbio: Pompeya. Así, en el empedrado, pasó su adolescencia. Se hizo amigo de Cátulo Castillo y junto a él ingresó en los círculos de intelectuales populares que se reunían en la Universidad de Boedo y la Peña Cachacamac. Leyó a Rubén Darío, a José Hernández, a Baudelaire, a Neruda, a García Lorca, etc; y se interesó por las luchas de los más desfavorecidos. En la Universidad, se acercó también al otro extremo del pensamiento porteño y trabó amistad, por ejemplo, con Jorge Luis Borges.
Sus ideas populares las canalizó como orador en el comité de la octava circunscripción de la Unión Cívica Radical. La UCR, en la década del 20' un partido popular enfrentado con los intereses de los terratenientes, estaba liderada por Hipólito Yrigoyen. El caudillo cautivó a Manzi quién lo tuvo como referencia política constante. Luego, en los 30', formó una agrupación paralela junto con Jauretche y otros militantes radicales. La llamaron FORJA. Con la llegada del peronismo, en 1945, todos se encolumnaron tras las figuras de Perón y Evita.
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La poesía de Manzi, llevada al tango cambió el género. Funcionó como síntesis superadora de las producciones de los letristas a los que sucedió, con su lunfardo, con su machismo, con su rencor. Con eso que muchos creen que es lo único propio del tango. Su obra escapó de estas ideas. Fusionó lo rural y el arrabal, y también unió lo culto y lo popular. Manzi caminó estos márgenes desde la nostalgia del tango como elemento de evocación, pero con figuras poéticas vanguardistas, más elaboradas, más sentidas y no tan estructuradas, como la forma tradicional lo indicaba. |
San Juan y Boedo, la esquina Homero Manzi |
Su aporte fundamental estuvo en el lenguaje. Para el escritor Horacio Salas, su obra es “bisagra en el sistema verbal tanguístico”. El mejor ejemplo de esto puede resumirse en una línea de su poema “Viejo ciego”. Casi en una de sus últimas estrofas se lee: “Tan lleno de pena, tan lleno de Spleen”. De la nostalgia tanguera a la lingüística baudeleriana, en sólo ocho palabras.
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Su capacidad para recuperar los elementos de su vida fueron clave. Los transformó en poesías que abarcan todas las temáticas populares desde una mirada que se aleja del simplismo. “No se quedó en la descripción costumbrista, en el puro recuerdo personal”, dice el investigador y periodista Aníbal Ford.
En las décadas del 30' y del 40', el surgimiento en Buenos Aires de una clase pequeño burguesa impulsó su obra. Sus textos, principalmente los de amor, fueron memorizados por toda una ciudad que, por entonces, demandaba y disfrutaba del "tango romántico".
Las regalías de sus obras le aseguraron un buen pasar. Sin embargo, él nunca contó realmente con esos capitales como propios. Su poesía, como único bien, elevó el arte popular por sobre la linealidad en la que se manejaba, dando una vuelta vanguardista que no evitó que su obra sea entendida en los sectores con menos bienes culturales. |
Malena, otro de sus clásicos |
Al no considerar la producción artística popular como un arte menor, sino como lo verdaderamente nacional, lo que debía ser el centro de la cultura argentina, Manzi extendió su poesía de la música a otras ramas de la industria cultural. Al teatro, a la radio y al cine. Pero todo su arte estuvo siempre enmarcado en una forma política de reaccionar ante la dominación. Los países centrales, que ya entonces nos invadían económicamente, comenzaban a hacerlo también de forma cultural. “Manzi, procuraba rescatar raíces populares en años en los que la irrupción tecnológica del disco, del cine y de la radio, divulgaba a nivel masivo la producción artística de los países centrales”, plantea el profesor en Literatura Luis Antoniotti.
Mientras recorrí sus textos, me di cuenta que no sólo pasaba revista a su vida sino también, en parte, a la mía. Por diversos motivos dos de sus poemas menos conocidos me deslumbran (en estos días) en particular. Uno es “Monedas de poeta”, donde cuenta la relación entre un “poeta moderno que ambula por las calles evocando sus sueños disconformistas” , con una mujer adinerada. El otro es “Fuimos”. Que retrata con un vuelo poético increíble lo autodestructivo que puede ser el amor. Por puro subjetivismo les dejo estos dos, pero si gustan conocer algo más, aquí podrán encontrar gran parte de su obra.
Casi 100 años después de su nacimiento y tras 55 de su muerte, sus poemas perduran. Pese a que la música con la que, hace 60 o 70 años, muchas personas los conocieron ya no es la música ciudadana por excelencia. Sin dudas, Homero no es lo popular que supo ser. Por las calles de Boedo ya nadie tararea canciones con sus letras. Pero si uno se acerca a su obra, profesando ese oscura religión que es la lectura, descubre en sus textos esas sensaciones que, aún a principios del siglo XXI, nos recuerdan que somos humanos. |
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Decir que sólo escribió letras de tango, a la luz de su vida y su obra, es quedarse con la mitad de la historia. Sin dudas, Homero Manzi fue un poeta. Y quizás fue mucho más.
| Fuimos |
Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada,
fatalmente derramada, sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.
¡Vete...!
¿No comprendes que te estás matando?
¿No comprendes que te estoy llamando?
¡Vete...!
No me beses que te estoy llorando
¡Y quisiera no llorarte más!
¿No ves?,
es mejor que mi dolor
quede tirado con tu amor
librado de mi amor final
¡Vete!,
¿No comprendes que te estoy salvando?
¿No comprendes que te estoy amando?
¡No me sigas, ni me llames, ni me beses
ni me llores, ni me quieras más!
Fuimos abrazados a la angustia de un presagio
por la noche de un camino sin salidas,
pálidos despojos de un naufragio
sacudidos por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado...
sombras de una sombra que tornaba del pasado.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir. |
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| Monedas de poeta |
Quise ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubio
cuando desde tus labios cargados de secretos
recordé la cortada por donde iba mi infancia
destrozando la suela de mis zapatos nuevos.
Yo no soy el ideal de tu sabiduría,
mitad galán de cine y mitad pugilista;
soy un poeta moderno que ambula por las calles
evocando sus sueños disconformistas.
Sin embargo te quiero, porque sé que en tu vida
hace falta un muchacho que te cante pavadas,
y que ponga perfume de poeta en la nafta
de tu coche lujoso, de tu coche sin alma;
Un muchacho humilde, sentimental y bueno
que justifique el brillo vano de tus monedas,
comprándote con ellas montones de paisajes,
montones de paisajes y un anillo de piedra.
Que te lleve por todas las calles apartadas,
que te cante tragedias de novios y de celos,
y que al pasar contigo debajo de los árboles
aproveche la sombra para robarte un beso.
Un muchacho que un día, de tonto o de loco,
cuando menos lo pienses salga de tu existencia,
dejándote en un sobre, encima de la mesa,
unas cuantas mentiras... monedas de poeta.
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