En esta foto se muestra la otra cara del pancho y la coca. Notese que doña Rosa no cacerolea, sino que para ello se nutrió de la "ayuda" de su sirvienta. Observese que la señora la toma del brazo -¿acaso espantada por la multitud?- y es la joven quien agita el cacharro protestón.
¡Sin dudas, un nuevo caso de la verdadera gente, la espontánea!