I
En estos años reflexioné mucho acerca de los sentimientos. A decir verdad tenía dos opciones – ¡dos opciones!… dos opciones eran las que yo tenía también en aquel entonces, y como siempre, el miedo. ¡Yo sí que te puedo hablar del miedo! Eterno sicario de mi destino. Me empujó a tomar la decisión errada. En cambio vos… vos apostaste todo y quedaste desolada. Será que es contagioso, a partir de entonces tuviste miedo a confiar en la gente. – No es miedo, como te dije, pienso que el fuego termina quemándote, es preferible… - ¡nada! ¿Y esto que acabamos de hacer? ¡Esperá! ¡Esperá, no te vayas! ¡Te vas a equivocar! |
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II
Esa fue mi última conversación. En realidad no fue tan así, pero ustedes saben como son los pensamientos, gustan de adornar recuerdos con creaciones propias. Corre el segundo frasco y la primera botella. Es el miedo, tan presente en esta habitación, que podría mirarlo a los ojos, pero como de costumbre no me atrevo. Era el escenario perfecto, música de fondo, película rodando, algo muy teatral. En este instante solo debo agradecerle a mi intrínseco deseo de trascendencia, y a la velocidad y astucia de un buen amigo.
III
Dos opciones. Por un lado un arroyo cristalino lleno de flores vegetación y una danza de colibríes multicolor; por el otro: la tundra. ¡Cómo no arrepentirse! Si hubiese sabido que en aquel arroyo la aventura era posible, si el eterno sicario de mi destino no me hubiese enceguecido en los momentos más cruciales.
No hace mucho una persona muy allegada me comentó su opinión respecto al objetivo final del ser humano. Tal vez, era una señal que no supe codificar, tal vez no le creí. ¡Que bien me hubiesen venido esas palabras en aquel momento!
IV
¡Como cambia la gente! Hace algunos años tenías miedo de quemarte, y ahora… ahora... – Es un comienzo. Mejor dicho, un recomienzo. Creo que ambos aprendimos lo mismo, aunque hayamos leído distintos libros. – sinceramente no me alegro de tu fracaso, pero por primera vez no tengo miedo. – no te preocupes está todo bien. Parame el taxi por favor, mientras busco un papel. Toma mi número. ¡Quiero que me llames! ¿Oíste? ¡Llamame!.