Recuerdo de chico haber visto varias nenas sumergirse en los silencios más profundos y en el rincón más inhabitado de la casa para así lograr plasmar alguna vivencia en sus diarios íntimos. Con desequilibradas personalidades, ahuyentaban a cualesquiera que se acercara a querer conocer que quedaba tras el trazo de una pluma.
También tengo imágenes cinceladas en la mente de estas mismas niñas acostadas boca abajo en la intimidad de una cama, mirando con recelo las hojas vacías del diario de vida o tramando qué volcar en esos papeles delicadamente teñidos de colores pasteles con ribetes rosados. Parecía ser que el motor literario de esas historias era generado por un rutinario movimiento de piernas o la destrucción total con los dientes de la punta de una birome y salir corriendo al baño a quitar las manchas azules ya impregnadas en la piel. Recuerdo, otra vez, haber aprovechado una situación así para lanzarme salvajemente sobre los secretos sin códigos que éstas inescrupulosas nenas mantenían con el cuaderno, y asimismo encontrar luz a mis sospechas que de hacerse públicas nadie volvería a pegar un ojo:
- El hijo de verdulero, el Chori, me miró.
- El sol está tan fuerte que mejor hoy caminaré por la sombra.
- Hoy la rompo: me tomo una chocolatada con 3 de azúcar.
¡Qué rebeldes éramos antes! Y por ello, más de uno recibía los castigos inmerecidos que madres nos propiciaban por mirones sin lograr escarmiento; gritos, pataleos y un sermón sin mucho sustento, que más que querer retarnos, deseaban con fervor saber qué habíamos leído.
- Que sea la última vez que le leés el cuaderno ese a tu hermana, ¿me oíste? ¡La última vez! Y ahora decime qué leíste.
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La moda del diario íntimo quizás sea una de las actividades más introspectivas de la formación de los jóvenes en todos los tiempos. Es el espacio que el individuo encuentra para relacionarse con uno mismo y dejar señas en sus renglones de deseos, frustraciones, alegrías y la misma infelicidad. Estos soportes de historias y confesiones han cargado con un doble peso: no tener más público que uno mismo y ser el objeto de deseo de padres, hermanos, amigos, etc.
¿Qué se podía ocultar en esas hojas? ¿Qué podía ocurrirle a una nena (convengamos que era una actividad desarrollada en su mayoría por el género femenino) para que con tanta admiración se involucre quizás con un pobre vocabulario en decenas y decenas de hojas? Sabemos bien que los tópicos predilectos y que más abundaban eran fácilmente detectados como situaciones del corazón o las idílicas relaciones con los padres.
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- Mi mamá se tiñó los pelos de un color zanahoria espantoso y encima se los cubre con un pañuelo rojo. Yo quiero ser como ella.
- Hoy discutimos con mamá de tal manera que no quiero verla más en mi vida, la odio, la odio, la odio.
- Mi mamá me compró una remera. Ahora la amo.
A través de las pomposas páginas , cientos de cuentos personales iban apareciendo junto a los primeros esbozos de poemas, primeras fotos de galanes de moda y cantantes, que brillaban en el cielo latino de estrellas pop, y demás experiencias que las generaciones marcaban a fuego con lapiceras de colores. También era común en los diarios guardar etiquetas, cartas, stickers y perfumar las hojas con las fragancias más empalagosas.
Evidentemente, todo evoluciona. La televisión cuenta con una variada oferta de canales, cada vez más, y con interesantes opciones. Las radios suman a sus filas los géneros más diversos y los tonos se tornan escandalosos. La multimedia está al alcance de todos y fue así como comenzaron a aparecer los weblog o bitácoras o blogs, flogs, vlogs, etc.
¿Qué queda de esa intimidad e inocencia que en los diarios íntimos se podía encontrar? Casualmente poco y nada. Hoy en día descubrimos en la infinita cantidad de blogs , que hacen las veces de nuevos diarios, las más descabelladas historias, los cuentos más calientes que los jóvenes se animan a narrar y como si fuera poco : fotos, videos y audios.
Germinalmente, para adquirir un diario íntimo había que demandárselo a los padres que luego de un despreocupado debate accederían a la compra. Ahora, cualquier niño abre un explorador de Internet, tipea Blogger, por ejemplo, y en 3 pasos ya tienen un blog. Lo mismo sucede con los flogs (pero eso es tema de otro encuentro).
Decíamos entonces, que lo introspectivo era fielmente guardado tras un frágil candado que en las tapas de los diarios íntimos se encontraba y apretaba ambos cartones decorados |
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| para entonces conservar los secretos. Hoy en día, un blog es algo abierto que todos pueden leer. Un simple site que sin filtros ni controles expresa todas las experiencias que uno quiere reflejar. |
Pueden decirme entonces que aún así un diario íntimo es más cómodo porque conlleva la posibilidad de transportarlo a donde su autor vaya. Pero ya ni eso es una ventaja; en sus comienzos los blogs tenían un acceso limitado mediante una computadora con Internet y ya hoy se puede postear desde cualquier teléfono celular y de donde quiera que se esté. De hecho, tengo pensado este año postear mis delicias narrativas desde un espacio reducido sin aire en La Bristol , mientras vecinos de playa me invadan con sus desechos y algún practicante de parapente aterrice entre mis piernas. Ahí todo puede pasar.
Las generaciones de usuarios, entonces, han experimentado ambas sensaciones; desde escribir con misterio en un diario para luego guardarlo obsesivamente y nuevos autores que disfrazan las palabras del correcto castellano en una pagina web y luego de hacer clic en “publicar”, son parte de un mundo ya sin secretos. En esta carrera sentenciada a desnudar la vida, está claro que las bitácoras online no son más que la evolución predestinada de los diarios íntimos donde todo ha de cambiar, donde todo ha de ser distinto y moderno. Sin ir más lejos, varios blogs han roto la barrera de lo cibernético y se han alzado con sus ediciones en libros que interesadas editoriales han auspiciado.
Queda por decir que no importa cómo o dónde, ni cuándo. Lo verdaderamente trascendente es el espacio para que los sujetos puedan contar que el nene más popular de la primaria chocó su mirada con la de uno, que el primer boliche que visitaron por primera vez aquella noche de invierno no fue la mejor experiencia en realidad y que ya se es mujer o que ya la familia mira al nene como un hombre.
Los escritos más modernos pasarán por alto novedades así para saltar llanamente a la mejor noche de sexo descarrilado, a las historias más tristes o a formar un cuaderno digital con cuentos de la vida real que nadie quiere leer, que nadie puede narrar pero que contagiosamente ahí estarán.
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