Eternautas de narices negras - por Anabella Castro Avelleyra

Cancionero rojo

Dirección: Lorena Vega

Actúan: Darío Levin y Lila Monti

Sábados a las 24 hs. Entradas: $ 15

En Absurdo Palermo, Ravignani 1557

Teléfono: 4779-1156

 

Payasos de narices negras son Una y Neto. Y es que no les queda más remedio. No pueden tener la nariz de otro color unos clowns empeñados en encontrar un instante de paz en los pasillos de la historia mundial. Viajan a través del tiempo como eternautas que conocen de antemano el destino que les espera, sin importar el momento en que se detengan.

Hitler, la Inquisición, el 76 en la Argentina y la bendita manzana que se comen Adán y Eva. ¿Acaso todo comenzó ahí? Ellos, por las dudas, elevan preguntas a un tal Dios que no responde. Y llegan a una conclusión lúcida y abrumadora: ¿este tipo pensó que podía crear un mecanismo tan complejo como es el mundo en sólo siete días –y, para colmo, tomarse el último de descanso- y asumir que las cosas le iban a salir bien? Claramente el vago era un infeliz.

Con un humor al mismo tiempo ácido e inocente, Lila Monti y Darío Levin nos invitan a recorrer los momentos más oscuros de nuestra historia. Como único equipaje llevan unas pequeñas valijas y unas tizas, a través de las cuales se comunicarán entre ellos y con el público, y con las que a lo largo de la trama crearán toda la escenografía necesaria para el desarrollo de sus actividades.

Tiernos y obscenos, tímidos y extrovertidos, inocentes y avivados, Una y Neto, Monti y Levin, tienen la presencia necesaria para cargarse la obra sobre los hombros. Nada más hay en escena que ellos, sus valijas y sus tizas; y con ello crean todo un mundo –o miles de ellos. La iluminación, a cargo de Ricardo Sica, completa esta atmósfera tan fantástica como realista, tan íntima como pública, tan graciosa como seria.

El Dios de la escena por la que se mueven Lila Monti y Darío Levin es Lorena Vega, y su trabajo es mucho más preciso y acertado que el del vago que creó la Tierra. La originalidad domina la puesta, y el uso del intervalo como momento de contacto entre los personajes y el público es sólo uno de los ejemplos. Porque si, como dice Neto, la gente piensa que el intervalo es un tiempo muerto en el teatro, eso es mentira, y Vega nos muestra cómo puede incorporarse como algo intrínseco a la escena –estando, al mismo tiempo, fuera de ella.

Cancionero rojo es una obra mucho más compleja de lo que puede parecer en un principio, tan profunda como terriblemente graciosa, con una dinámica única y original, y unos actores que saben calzarse a la perfección el traje de sus personajes.

La historia es un lugar terrible donde caer. Pero aunque todo parezca irremediable, Una y Neto terminarán la obra con sus narices rojo fuego.

volver a portada

Todos los contenidos están para ser reproducidos, total o parcialmente. A cambio sólo pedimos citar la fuente y recomendar el sitio.