Boquitas pintadas (lanzan palabras filosas) - por A. C. Avelleyra

Dos minas

Dirección: Alejandro Catalán

Actúan: Valeria Lois y Cecilia Blanco.

Sábados 23hs domingos 20.30hs .Entradas: $15.

Teatro Anfitrión, Venezuela 3340.

Reservas: 4931-2124

 

Rubio platino pestañas postizas boquitas pintadas. Tops con lentejuelas uñas coloradas alfombras de piel. Dos minas. Una noche. Un encuentro. Una tensión que sólo podría ser creada y comprendida por dos mujeres.

Minimalismo bien entendido. Tan sólo una tarima cubierta de piel blanca y un pequeño álbum de fotos acompaña a estas dos minas en su charla. Todo sucede en ellas. O, más precisamente, en sus rostros, en sus palabras y en sus silencios, ya que sus cuerpos permanecen casi inmóviles durante toda la puesta. Es en la acidez y el doble sentido de sus diálogos, en los celos que se palpan en el aire, en aquello que alguna vez las unió y hoy las separa donde se juega la obra.

Las conocemos de a poco a estas dos minas. Se abren a nosotros lentamente. La curva que crea Alejandro Catalán es sumamente inteligente: al principio la historia puede abrirse hacia cualquier aventura y de repente ¡paf!, la realidad nos sorprende con la violencia de una bofetada.

El telón cae (sí, no sube, no se abre, ¡sino que cae! – maravillosa elección) y vemos a dos Marilyns del subdesarrollo tendidas sobre una piel blanca. En sus voces y en sus cuerpos se lee un desgano, una pachorra indecible: es imposible abandonar la alfombra, la pasividad física, la neutralidad del no movimiento. Ya sabemos que no van a salir esta noche, pero aún no sospechamos cuáles son los hilos que se mueven entre ellas. ¿Cuál es la relación que las une? ¿Qué las llevó a estar juntas esa noche, sobre ese alfombrado?

Trabajaban en “la galería” hasta que un golpe de suerte se encargó de arrancar a una de ellas de esas negras fauces para ubicarla en una espaciosa casa de Olivos, con pileta, jardín y jardinero. Y es en esa casa donde está esa blanca alfombra que será testigo de esa sutil y solapada guerra de miradas que queman como fuego, palabras que punzan como agujas y silencios que congelan como hielo, de la que sólo dos minas como éstas (o como tantas otras) podrían ser artífices.

En una puesta como esta, el mayor peso recae sobre las actrices que se cargan la obra sobre sus hombros. La hipergestualidad de Cecilia Blanco y Valeria Lois (brillante como siempre) le viene como anillo al dedo a Dos minas , una obra donde el rostro es el principal medio de transmisión de la tensión dramática. Ambas comparten una marcada capacidad para acompañar los cambios de humor de sus personajes: pueden pasar de la pasividad del hastío al descontrol del llanto con naturalidad orgánica.

os minas nos habla a nosotras y de nosotras, con sagacidad, precisión y sentido del humor. Mujeres: vayan para verse un poco reflejadas. Hombres: aprovechen para conocer el funcionamiento de la psiquis femenina. Mientas tanto nosotras esperamos el estreno de Dos tipos , a ver si algún día terminamos de entenderlos.

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