Soñar no cuesta nada - por Anabella Castro Avelleyra

Lúcido

Dirección: Rafael Spregelburd

Actúan: Eugenia Alonso, Javier Drolas, María Inés Sancerni y Hernán Lara

Viernes y sábados 23 hs. Entradas: de 15$ a $25

Teatro Margarita Xirgu – Chacabuco 875

Reservas: 4300-8817 / 4307-0066

 

Lo lúcido y lo lúdico se combinan en la nueva obra de Rafael Spregelburd. Se trata justamente de una obra lúdica (el juego, por momentos histérico, entre los personajes resulta esencial) estructurada de tal forma para dar cuenta con envidiable lucidez de la soledad, el arrepentimiento, la desgracia, la tragedia y el sueño.

Cuando Lucas tenía diez años estaba al borde de la muerte. Lo único que podía salvarlo era un transplante de riñón, y la donante debía ser su hermana, sólo tres años mayor. La operación fue exitosa, pero la familia estalló en distintos núcleos que durante quince años no volvieron a encontrarse. Ahora Lucrecia vuelve del exilio con un único objetivo: recuperar lo que es suyo. En torno a este regreso se va tejiendo la historia de una familia muy poco habitual. Un padre ausente, una madre dominante y un hijo oprimido, que intenta obtener algún control sobre su vida a través de una terapia que le enseña a tener sueños lúcidos. Esto consiste en mantener el control de los acontecimientos que tienen lugar mientras duerme, para aprender a partir de esa experiencia a desempeñarse con lucidez durante la vigilia.

La obra es un fluir de situaciones delirantes, teñidas por un humor ácido e inteligente, que se devanean entre el ensueño y la realidad. Un sueño dentro de un sueño dentro de otro: a medida que la obra avanza los límites se vuelven cada vez más difusos. Sobre el final todo estalla en una estridente explosión compuesta por bailes, ovnis, y un electrizante juego de luces.

Sólo para hacernos caer en la cuenta que el límite entre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción, el sueño y la vigilia, era aún más tenue, delicado y fluctuante de lo que hubiéramos creído.

“El teatro debe crear otra realidad, más intensa, más bella, más loca; basada en una red interna de asonancias, rimas y connotaciones, como un sistema biológico vivo y complejo”, dijo en una oportunidad Sprelgeburd. Dentro de esa realidad bella, intensa y, por sobre todo, loca, inmersos en ese sistema biológico complejo, conviven cuatro personajes (cinco en realidad) que se potencian en su propia disfunción. Hernán Lara, Javier Drolas, María Inés Sancerni y Eugenia Alonso, se meten con talento en la piel de sus personajes, acompañándolos por los caminos que los conducen de la exaltación al llanto. Actuaciones tan poco sobrias, tibias y distantes como la misma dramaturgia; los actores, como embriagados por un narcótico néctar, se nos aproximan con calidez hasta estar tan cerca como para contarnos sus más íntimos secretos. Sobre el final, la intimidad creada a base de chistes, guiños y sobresaltos va a resultar esencial para absorber el verdadero significado de lo que tanto Spregeburd como Sancerni, Alonso, Drolas y Lara nos cuentan.

La obra, que durante diciembre y enero fue presentada en España con un elenco catalán, ahora puede verse en su versión argentina en el teatro Margarita Xirgu. Y, como cada vez que el escenario condensa una energía capaz de iluminar a una ciudad entera, urge ir a verla.

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