Heartbreak Hotel - por Anabella Castro Avelleyra

Petit hotel Chernobyl

Dirección: Andrés Binetti y Paula Andrea López.

Actuan: Natalia Cappa, Lucila Eliascher, Clarisa Korovsky, Jorgelina Uslenghi.

Sábados 23 hs. Entrada: $20.

Teatro del pueblo. Av. Roque Sáenz Peña 943.

Teléfono: 4326-3606 / 4394-2639.

 

Cuatro mujeres. La asfixiante habitación de un pequeño hotel. Encierro. Derrotas. Angustia. Vanos intentos. Decadencia. Y, finalmente, muerte.

Todo entrelazado por la precisa –y preciosa- dramaturgia de Andrés Binetti. Una vez más, como en la inolvidable Llanto de perro , un conjunto de personajes unidos por su desesperación conviven en un espacio oscuro, improvisado y reducido, el tipo de lugar que nadie podría llamar hogar y donde, sin embargo, los fantasmas surgidos de la imaginación de este dramaturgo se ven obligados a ver pasar sus días.

La composición del espacio nos habla del destino de estas mujeres: la impersonalidad de una habitación de hotel (lugar de paso) se combina con detalles del lugar propio (como las fotos pegadas en la pared), dando cuenta de que lo que se presentó en un primer momento como pasajero acabó transformándose en algo tristemente definitivo.

Tanto el espacio como la iluminación terminan de oprimir las ya de por sí oprimidas vidas de estas cuatro mujeres, cada una con su propia historia de derrota y también con su propia táctica de escape. Una de ellas pasa sus días tirada en la cama, como una autista. Casi no habla y no se levanta ni siquiera para comer. No sabemos qué la llevo a ese estado, pero es claro cómo planea escapar de él: por medio del suicidio, que intenta en sus más diversas variantes, aunque pareciera que el éxito le escapa incluso para ese fin. Hay dos cuyos fracasos se encadenan: una terrible tenista y su entrenadora. La cumbre de su éxito consiste en conseguir como sponsor al pescadero del barrio que, de todos modos, terminará por abandonarlas tras una vergonzosa derrota. La tenista, tras cada nuevo fracaso, fantasea negocios imposibles que la saquen a flote. La entrenadora, que ve en el futuro triunfo de su compañera tal vez su única escapatoria, sigue focalizada en el entrenamiento constante y la posibilidad de vencer al rival en algún momento. Por último está la maestra (magistral interpretación de Natalia Cappa), una mujer que vive de la gloria de un pasado que, sin ser para nada bueno, no deja de ser mejor que este paralizado presente. Juntas las cuatro, en sus angustias, en sus delirios, en las falsas promesas de un futuro mejor, conviven entre esas cuatro paredes cargadas de sueños perdidos y vueltos a soñar.

Petit Hotel Chernobyl habla de temas universales como el fracaso, la carencia, la derrota y la desesperación, pero lo hace con un acento implacablemente argentino: esas desgracias podrían tener lugar en cualquier parte del mundo pero Binetti nos deja en claro que están pasando acá, a la vuelta de la esquina, a unos personajes que, perturbadoramente, se parecen demasiado a nosotros.

En esa imbricación entre lo universal y lo local, en esa tensión entre lo más íntimo y lo ajeno, es donde se juega la clave de la obra: en la angustia que nos provoca el fatídico destino de estos personajes que no podemos dejar de sentir como copias exaltadas de nosotros mismos se materializa un exorcismo de nuestros propios demonios.

Una vez más, lo significativo de la apuesta de Binetti (escritor de la obra, que co-dirige con Paula Andrea López) es tratar estos temas desde el humor. La sutil exageración en el trazo de estos patéticos personajes ayuda a lograr un cierto alejamiento que nos permite, más allá de sentirnos identificados con ellos, verlos como un otro del que nos podemos reír. Cada uno de sus absurdos intentos desprende una carcajada tranquilizadora: esos personajes no son tan parecidos a uno o, más bien, es catártico poder reírse de la propia desgracia.

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