Como en cualquier familia - por Verónica Palacios

Relojero

Dirección: Lizzie Gaspar

Actúan: M. Polizzi, A. Yañez, G. Murúa, D. Mancuso, J. Gomez, D. Bonfanti.

Jueves a las 21 hs. Entradas: $18

Teatro El Piccolino – Fitz Roy 2056

Reservas: 4779-0363

 

Relojero (1934) fue la última pieza teatral escrita por Armando Discépolo. Sin embargo, el mensaje de la obra no ha perdido vigencia.

La historia es simple. Una familia de clase humilde formada por Daniel, cuyo oficio es ser relojero, e Irene: ambos padres de Daniel, Lito y Nené. Por un lado, los padres encarnan la vieja moral conservadora y severa; por el otro, los hijos cuestionan a sus padres con la determinación de actuar con entera libertad aunque ello implique romper con las normas de la moral de antaño. Pues, El Relojero retrata los inevitables efectos del paso de el tiempo: los cambios sociales y el consecuente quiebre generacional.

Así, la obra exalta una de las cuestiones preferidas de Discépolo: la contradicción interna de los personajes. La tensión entre la obediencia al mandato familiar a fin de conservar la armonía a costa de la propia realización y el coraje de rebelarse en nombre de los propios deseos y proyectos aunque ello implique la reprobación de los padres. Daniel entiende que en cualquier caso la felicidad de sus hijos se ve empañada por el fracaso o la culpa , por lo que decide sobreponerse a la rigidez de sus principios en pos del bienestar de sus hijos. “ Más generoso y más útil sería que un padre diese al hijo la suprema alegría de entenderle, la suprema alegría de no condenarlo a imitación. Porque se nace para algo más”, dice Daniel.

Por su parte, la madre asume una postura pasiva frente a los acontecimientos y observa como el hijo mayor (Andrés) se embriaga en los ratos que abandona la relojería, como Lito se esfuerza por progresar en su carrera de medicina y con dolor consiente que Nené deje a un lado los prejuicios sociales para unirse en concubinato con un joven de clase acomodada.

El ambiente pequeño y con luces cálidas en el que se desarrolla la función permiten la construcción de una atmósfera íntima en la que a puertas cerrada s Daniel y su familia discuten, cenan, charlan, vuelven a discutir y comparten tanto los momentos de alegría como de padecimiento.

Más allá de las diferencias entre el contexto social de mediados del siglo XIX y el de nuestros días, el mensaje es extensible a cualquier situación familiar en tanto que en cada época los más jóvenes deben lidiar con los avasallantes cambios sociales y el sentimiento de angustia de no cumplir con las expectativas de sus progenitores mientras que éstos deben hallar el camino que acorte la brecha generacional.

 

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